Capitulo II
El objeto de mi deseo….
Llegamos a
mi departamento, venía un poco atontada, eso era culpa de Paulo, llevaba el
perfume de hombre mas exquisito que existe sobre el planeta entero, A*Men de Thierry Mugler (comprobado que de 10 mujeres que lo
huelen 9 literalmente se comerían al hombre que lo lleva donde y como sea) ese
aroma me quitaba el sentido. Y antes de que pudiera reaccionar y cerrar la
puerta, me tomó de la cintura firme, yo diría que hasta fue un poco brusco, en
realidad no me molesta, mas bien esas cosas me suben la temperatura, me giró y
me plantó un beso que encendió hasta la última célula de mi cuerpo, estaba
desesperado por tenerme, casi me estaba arrancando la ropa.
-
Espera, deja que me la saque yo misma.
-
Da lo mismo, te la pago, me molesta tu
ropa, me molesta lo que hay entre tu cuerpo y yo,
-
No quiero que me pagues nada, solo deja
sacármela.
-
No!
(con su boca pegada a la mía, me dijo con los dientes apretados y casi
dañándome los labios), ya te dije que
no, no voy a soltarte.
Con un
empujón me aparte de su lado y le advertí…
-
Bonito, no te equivoques conmigo, está es
MI casa, ésta es MI ropa, y es MI cuerpo, YO decido, te queda claro? – le dije
levantando un poco la voz- y nadie me ordena que hacer ok??
-
Ok, ok como tú digas, pero apúrate, solo
tengo una cosa en mi cabeza en este
momento y no es precisamente tu ropa.
-
Y tú?, le dije señalando con la cabeza su
cuerpo.
-
Yo qué?
-
A mi también me molesta tu ropa, sácatela
ahora, quiero ver que hay detrás de eso para mi.
-
Bonita, como tú digas!!
Mientras que
se sacaba lo que traía puesto, tenía la
mirada fija en el cuerpo del hombre que estaba frente a mí, era guapo, no era delgado ni gordo, tenía el pecho
cubierto de un vello claro y combinado con unas canas que lo hacían ver
tremendamente sexy, con cuarenta recién cumplidos era un hombre atractivo, aún
todo estaba en su lugar y créanme cuando les digo que todo estaba muy, pero muy
bien puesto, tenía un cuerpo deseable, se notaba que se ocupaba de su cuerpo, no
era como los adonis de libros, esos que te anulaban la voluntad como persona y
te quitaban el sentido, esos hombres no existen, era un hombre normal pero como
he dicho antes, yo tampoco tengo cuerpo de modelo.
Se acercó a
mí despacio, su respiración era agitada, me parecía algo extraña su impaciencia,
pero como yo también quería tenerlo dentro de mí luego, no le hacía caso a esas
cosas, estaba completamente desnudo y mientras me desabrochaba el sostén, me
tiro de los bazos y me apegó a él, jadeé por el empujón y se acercó a mi boca, sin
ninguna delicadeza metió su lengua hasta casi llegar a mis amígdalas, era un
beso desesperado, sus dientes chocaban con los míos, me tomó de la cintura con
una mano y la otra la puso en mi nuca, me apretaba tanto a su cuerpo, que me
estaba ahogando, quise soltarme un poco pasa poder respirar, pero sin despegar
sus labios de los míos, me dijo:
-
Qué pasa, no te gustan mis besos?
-
Necesito respirar (logrando apartarme
unos centímetros), además si me sigues apretando de esa forma me harás un
orificio en el estomago
Echó su
cabeza hacía atrás y comenzó a reírse lo bastante fuerte como para que se
escuchara en el ultimo departamento del pasillo, era un sonido varonil, de esas
risas que te dejan recordándolas por varios días.
-
Se puede saber qué te causa tanta gracia
– le pregunté, mientras el aún me sostenía de la misma manera– es cierto, esa
cosa que tienes ahí, estaba dañando mi estomago.
-
Bonita (me dijo, cambiando su semblante,
de pronto se puso muy serio), créeme que con esta cosa que tengo aquí, como tu
dices, tengo planeado hacer muchas cosas y no tienen nada que ver con tu
estomago, pienso retenerte por varios días para que te quede claro que esta “cosa”
te hará dependiente.
Me miró de
una manera que no puedo definir, me provocó una sensación muy extraña, incluso
me dio escalofríos, me quedé colgada del café de sus ojos y pude ver que algo
de cierto había en lo que me decía, por unos segundos me perdí pensando cómo
sería mi vida junto al mismo hombre todos los días, pero de inmediato la
deseché, yo no era de compromisos no ahora ni nunca, jamás esperaría por
alguien, jamás dependería de alguien, jamás, jamás sentiría amor por un hombre.
-
A ver bonito, espera un poco, le dije
soltándome completamente de sus brazos, yo jamás, escúchame bien, jamás estoy con alguien mas de una vez, además nadie
que no sea yo y sola, amanece en esta cama, si entiendes eso, podemos continuar
con lo que estábamos haciendo.
-
Amanda de verdad te digo que comigo
cambiarás de opinión, pero en realidad volvamos a lo que es importante, no
quiero esperar más para demostrarte que lo que te digo es verdad.
Me miro
nuevamente y me tomó de la misma forma, esta vez empezó con un dulce y delicado
beso, y antes de que yo pudiera reaccionar para disfrutarlo, su beso se volvió
nuevamente violento, me forzaba a separar los labios, me presionaba, era tanta
su urgencia que sentía el sonido de nuestros dientes chocando, su lengua
invadía a sus anchas el interior de mi boca, de pronto sentí un sabor salado,
abrí los ojos y me sorprendí al ver a Paulo mirándome, alejándome un poco de su
boca, me fijé que el tenía sangre en sus labios, me asusté un poco, pero respondió, adivinando lo que yo
estaba pensando…
-
Sí, es sangre, lo siento mi amor, parece
que mi beso fue muy efusivo
-
Ya veo, pero es tuya o mía?... (un
momento, ¿mi amor?, qué es eso?, este tipo esta loco)
-
Déjame ver, mmm no es nada, nada que no
se solucione con otro beso… menos intenso.
-
Eh, eh para un poco- le dije- yo no soy
tu amor, qué es eso? Lindo esto es sexo, nada más.
-
Ahh Mandy, Mandy deja de aclararme esas
cosas, ya se que solo quieres sexo y naaaada mas, pero deja que las cosas
sucedan solas, ya verás que todo será distinto si dejas de pensar de esa forma
Si no fuera
porque tenía tantas ganas de probar como era en la cama este hombre, hace rato
que lo hubiese puesto en el pasillo y lo hubiese enviado a buena parte, pero no
se si por la calentura o la ansiedad o simplemente por demostrarle que las
cosas no eran como él pensaba, yo no movía ni una sola pestaña para demostrarle
lo contrario.
-
Bonito, como ya te he dicho, sexo y nada
más, y si no dejas de hablar, es mejor que vayas tomando tus co….s – no pude
hablar más – cosas.
Me
sorprendí al ver lo que estaba haciendo, inmediatamente se me secó la boca.
Comenzó a
tocarse, tomo su pene y lentamente empezó a subir y bajar su mano por todo su
erecto miembro, mientras se pasaba la lengua por el labio inferior, me miraba
intensamente, su pecho subía y baja con su respiración que de a poco comenzaba
a agitarse, me mordía los labios, pensado como sería el sabor que tenía y no
aguanté más, me arrodillé frente a el, al ver la gota que comenzaba a asomarse
en la punta de su pene, lo guió hasta mi boca (todo su cuerpo olía a ese
perfume que me volvía loca), y lo pasó por mis labios, para que primero lo
probara su sabor, me lamí gustosa, y luego abrí la boca para recibirlo, empezó
despacio, creo que tenía miedo de que yo pudiera tener arcadas – se pude decir
que tengo bastante práctica, tengo mis técnicas – lo invité a que siguiera con su exploración
dentro de mi boca, lo tomé de los
muslos, y lo impulsaba a moverse más rápido, luego subí mis manos hasta su
trasero, estaba muy firme, lo sentí tensarse, lo saqué de mi boca y comencé a
lamer sus testículos (mmm adoro hacer esto), él disfrutaba lo que hacía, lo se
porque cada ciertos momentos lo oía gruñir y emitir quejidos de placer, como
veía que a Paulo le gustaba lo que estaba haciendo, meti una de sus bolas a mi
boca y le di un tirón, emitió un gruñido desde el fondo de su garganta, eso fue
suficiente, de pronto me agarró de los hombros y me levantó. Me miró fijamente
agitado como si hubiese corrido unos cuantos kilómetros, me tomó de la cintura
y me acercó hasta estar casi pegada a sus labios y me dijo
-
No tienes idea de las ganas que tengo de meterme
entre tus piernas,
Me besó de
una manera bruta y sin ningún cuidado, me soltó solo para respirar y luego fijó
su vista en el suelo, era mi bolso que calló cuando entramos al departamento,
mis cosas estaban repartidas por el suelo,
entre ellas los condones, se agachó y tomó uno se lo puso y volvió a
tomarme, esta vez me agarró del trasero, mientras me levantaba para que me
abrazara su cintura con mi piernas, se giró comigo en brazos y me pegó a la
pared, me acomodó jamás dejando de mirarme a los ojos, y de un solo golpe me
penetró, fue doloroso, pero terriblemente excitante, lo tomé del pelo, no, en
realidad le tiraba el pelo mientras nos besábamos como salvajes y el arrastraba
arriba y abajo por la pared, penetrándome de una manera que me estaba volviendo
loca de deseo
Se que
hacía bastante esfuerzo al tenerme suspendida de esa forma, pero yo en sus
brazos me sentía liviana como pluma, era exquisita su manera de moverse, de
tocarme, de besarme, si todo lo hacía de esta manera, terminaría siendo cierto
que iba a querer pasar mas de una noche con él, pero obviamente el no tenía
porque saberlo.
-
Llévame a la cama – le dije jadeando –
quiero estar en mi cama.
-
Dime dónde está, la cama es mas cómoda
para probar otras cosas
-
Por el pasillo, mmm me muero de ganas por
saber que más tienes
-
Cariño, no tienes idea
-
Amanda
-
Amanda qué?
-
Así me llamo Amanda, no cariño, ni mi
amor, ni nada mas, solo Amanda
Solo me miró
y volvió a besarme de esa manera tan primitiva que me comenzaba a gustar, me
tomo con ambas manos el trasero y caminó conmigo en brazos por el pasillo que
llevaba a mi cuarto, y en cada pared se detenía para besarme con mas fuerza, si
es que eso es posible, ya casi ni sentía mis labios.
Entramos a
mi habitación y cuando pensaba que me iba a dejar en la cama, solo apoyo la mitad de mi espalda en la cama y
yo me apoye en los codos, y así con mis caderas en el aire comenzó su tarea
otra vez
-
Cariño después de este día querrás verme
siempre – me decía rozando con la puta de su pene mi punto más sensible,
mientras sostenía la mitad de mi cuerpo aún en el aire – mmm me encantar sentir
lo húmeda que estás
-
Si tanto te gusta, entonces no hables más
y ocúpate – le hable, con la voz ronca de placer, no me gusta esperar, además
no estaba en una posición muy cómoda – y te aseguro que si sigues así antes de
que termi… Aaahhh !!!
Otra vez,
de un solo golpe se hundió en mi, sin cuidado, ni delicadeza, solo brusco y
posesivo, me enloquecían esas cosas, mientras Paulo me penetraba con fuerza,
todo mi cuerpo se movía, mis pechos subían y bajaban, esa urgencia, esa
violencia, me hacía hervir la sangre, de
pronto se apartó y me giró dejándome apoyada en mis manos y mis rodillas, me tomo
de las caderas y nuevamente entró en mi, soltó un gemido tan varonil que podría haber
terminado ahí mismo, su respiración era fuerte y agitada, hundía sus dedos en mi piel, me dolía pero era
mucho mas lo que me hacía sentir que no me importaba, era exquisita su manara de
poseerme, yo enterraba mi cabeza en la almohada para ahogar lo gritos de placer
que me arrancaba mientras Paulo me decía cosas que yo no podía entender.
Cada vez
que me tensaba Paulo bajaba el ritmo de sus penetraciones.
-
No por favor, no pares – le decía, mientras
bajaba sus movimientos – no te detengas ahora
-
Nena no lo haré, – me dijo con los dientes
apretados – no tengo intención de
hacerlo.
-
Entonces hazlo mas rápido
Se movía
tan despacio y en círculos que estaba volviéndome loca, de a poco fue aumentando
su velocidad, y su delicadeza fue reemplazada por movimientos rápidos, sentí
como nuevamente mi cuerpo se tensaba, y podía sentir la llegada de un orgasmo
increíble, al mismo tiempo Paulo casi traspasaba la piel de mis caderas con sus
dedos, sentí como su pene se hinchaba dentro de mi y soltaba ese liquido caliente,
junto a un gruñido que salio desde el fondo de su garganta, me anunciaban que había llegado alcanzado
junto a mi, nuestro objetivo, un exquisito orgasmo.
Sé que Paulo será el
objeto de mi deseo…
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