lunes, 28 de abril de 2014

Capitulo II El Objeto de mi deseo

Capitulo II       

El objeto de mi deseo….


Llegamos a mi departamento, venía un poco atontada, eso era culpa de Paulo, llevaba el perfume de hombre mas exquisito que existe sobre el planeta entero, A*Men de Thierry Mugler (comprobado que de 10 mujeres que lo huelen 9 literalmente se comerían al hombre que lo lleva donde y como sea) ese aroma me quitaba el sentido. Y antes de que pudiera reaccionar y cerrar la puerta, me tomó de la cintura firme, yo diría que hasta fue un poco brusco, en realidad no me molesta, mas bien esas cosas me suben la temperatura, me giró y me plantó un beso que encendió hasta la última célula de mi cuerpo, estaba desesperado por tenerme, casi me estaba arrancando la ropa.


-         Espera, deja que me la saque yo misma.
-         Da lo mismo, te la pago, me molesta tu ropa, me molesta lo que hay entre tu cuerpo y yo,
-         No quiero que me pagues nada, solo deja sacármela.
-         No!  (con su boca pegada a la mía, me dijo con los dientes apretados y casi dañándome los labios),  ya te dije que no, no voy a soltarte.
Con un empujón me aparte de su lado y le advertí…

-         Bonito, no te equivoques conmigo, está es MI casa, ésta es MI ropa, y es MI cuerpo, YO decido, te queda claro? – le dije levantando un poco la voz- y nadie me ordena que hacer ok??
-         Ok, ok como tú digas, pero apúrate, solo tengo una cosa en mi  cabeza en este momento y no es precisamente tu ropa.
-         Y tú?, le dije señalando con la cabeza su cuerpo.
-         Yo qué?
-         A mi también me molesta tu ropa, sácatela ahora, quiero ver que hay detrás de eso para mi.
-         Bonita, como tú digas!!


Mientras que se sacaba lo que  traía puesto, tenía la mirada fija en el cuerpo del hombre que estaba frente a mí, era guapo,  no era delgado ni gordo, tenía el pecho cubierto de un vello claro y combinado con unas canas que lo hacían ver tremendamente sexy, con cuarenta recién cumplidos era un hombre atractivo, aún todo estaba en su lugar y créanme cuando les digo que todo estaba muy, pero muy bien puesto, tenía un cuerpo deseable, se notaba que se ocupaba de su cuerpo, no era como los adonis de libros, esos que te anulaban la voluntad como persona y te quitaban el sentido, esos hombres no existen, era un hombre normal pero como he dicho antes, yo tampoco tengo cuerpo de modelo.

Se acercó a mí despacio, su respiración era agitada, me parecía algo extraña su impaciencia, pero como yo también quería tenerlo dentro de mí luego, no le hacía caso a esas cosas, estaba completamente desnudo y mientras me desabrochaba el sostén, me tiro de los bazos y me apegó a él, jadeé por el empujón y se acercó a mi boca, sin ninguna delicadeza metió su lengua hasta casi llegar a mis amígdalas, era un beso desesperado, sus dientes chocaban con los míos, me tomó de la cintura con una mano y la otra la puso en mi nuca, me apretaba tanto a su cuerpo, que me estaba ahogando, quise soltarme un poco pasa poder respirar, pero sin despegar sus labios de los míos, me dijo:

-         Qué pasa, no te gustan mis besos?
-         Necesito respirar (logrando apartarme unos centímetros), además si me sigues apretando de esa forma me harás un orificio en el estomago

Echó su cabeza hacía atrás y comenzó a reírse lo bastante fuerte como para que se escuchara en el ultimo departamento del pasillo, era un sonido varonil, de esas risas que te dejan recordándolas por varios días.  

-         Se puede saber qué te causa tanta gracia – le pregunté, mientras el aún me sostenía de la misma manera– es cierto, esa cosa que tienes ahí, estaba dañando mi estomago.
-         Bonita (me dijo, cambiando su semblante, de pronto se puso muy serio), créeme que con esta cosa que tengo aquí, como tu dices, tengo planeado hacer muchas cosas y no tienen nada que ver con tu estomago, pienso retenerte por varios días para que te quede claro que esta “cosa” te hará dependiente.


Me miró de una manera que no puedo definir, me provocó una sensación muy extraña, incluso me dio escalofríos, me quedé colgada del café de sus ojos y pude ver que algo de cierto había en lo que me decía, por unos segundos me perdí pensando cómo sería mi vida junto al mismo hombre todos los días, pero de inmediato la deseché, yo no era de compromisos no ahora ni nunca, jamás esperaría por alguien, jamás dependería de alguien, jamás, jamás sentiría amor por un hombre.  


-         A ver bonito, espera un poco, le dije soltándome completamente de sus brazos,  yo jamás, escúchame bien, jamás  estoy con alguien mas de una vez, además nadie que no sea yo y sola, amanece en esta cama, si entiendes eso, podemos continuar con lo que estábamos haciendo.  
-         Amanda de verdad te digo que comigo cambiarás de opinión, pero en realidad volvamos a lo que es importante, no quiero esperar más para demostrarte que lo que te digo es verdad.


Me miro nuevamente y me tomó de la misma forma, esta vez empezó con un dulce y delicado beso, y antes de que yo pudiera reaccionar para disfrutarlo, su beso se volvió nuevamente violento, me forzaba a separar los labios, me presionaba, era tanta su urgencia que sentía el sonido de nuestros dientes chocando, su lengua invadía a sus anchas el interior de mi boca, de pronto sentí un sabor salado, abrí los ojos y me sorprendí al ver a Paulo mirándome, alejándome un poco de su boca, me fijé que el tenía sangre en sus labios, me asusté  un poco, pero respondió, adivinando lo que yo estaba pensando…

-         Sí, es sangre, lo siento mi amor, parece que mi beso fue muy efusivo
-         Ya veo, pero es tuya o mía?... (un momento, ¿mi amor?, qué es eso?, este tipo esta loco)
-         Déjame ver, mmm no es nada, nada que no se solucione con otro beso… menos intenso.
-         Eh, eh para un poco- le dije- yo no soy tu amor, qué es eso? Lindo esto es sexo, nada más.
-         Ahh Mandy, Mandy deja de aclararme esas cosas, ya se que solo quieres sexo y naaaada mas, pero deja que las cosas sucedan solas, ya verás que todo será distinto si dejas de pensar de esa forma

Si no fuera porque tenía tantas ganas de probar como era en la cama este hombre, hace rato que lo hubiese puesto en el pasillo y lo hubiese enviado a buena parte, pero no se si por la calentura o la ansiedad o simplemente por demostrarle que las cosas no eran como él pensaba, yo no movía ni una sola pestaña para demostrarle lo contrario.

-         Bonito, como ya te he dicho, sexo y nada más, y si no dejas de hablar, es mejor que vayas tomando tus co….s – no pude hablar más – cosas.

Me sorprendí al ver lo que estaba haciendo, inmediatamente se me secó la boca.

Comenzó a tocarse, tomo su pene y lentamente empezó a subir y bajar su mano por todo su erecto miembro, mientras se pasaba la lengua por el labio inferior, me miraba intensamente, su pecho subía y baja con su respiración que de a poco comenzaba a agitarse, me mordía los labios, pensado como sería el sabor que tenía y no aguanté más, me arrodillé frente a el, al ver la gota que comenzaba a asomarse en la punta de su pene, lo guió hasta mi boca (todo su cuerpo olía a ese perfume que me volvía loca), y lo pasó por mis labios, para que primero lo probara su sabor, me lamí gustosa, y luego abrí la boca para recibirlo, empezó despacio, creo que tenía miedo de que yo pudiera tener arcadas – se pude decir que tengo bastante práctica, tengo mis técnicas –  lo invité a que siguiera con su exploración dentro de mi boca,  lo tomé de los muslos, y lo impulsaba a moverse más rápido, luego subí mis manos hasta su trasero, estaba muy firme, lo sentí tensarse, lo saqué de mi boca y comencé a lamer sus testículos (mmm adoro hacer esto), él disfrutaba lo que hacía, lo se porque cada ciertos momentos lo oía gruñir y emitir quejidos de placer, como veía que a Paulo le gustaba lo que estaba haciendo, meti una de sus bolas a mi boca y le di un tirón, emitió un gruñido desde el fondo de su garganta, eso fue suficiente, de pronto me agarró de los hombros y me levantó. Me miró fijamente agitado como si hubiese corrido unos cuantos kilómetros, me tomó de la cintura y me acercó hasta estar casi pegada a sus labios y me dijo

-         No tienes idea de las ganas que tengo de meterme entre tus piernas,

Me besó de una manera bruta y sin ningún cuidado, me soltó solo para respirar y luego fijó su vista en el suelo, era mi bolso que calló cuando entramos al departamento, mis cosas estaban repartidas por el suelo,  entre ellas los condones, se agachó y tomó uno se lo puso y volvió a tomarme, esta vez me agarró del trasero, mientras me levantaba para que me abrazara su cintura con mi piernas, se giró comigo en brazos y me pegó a la pared, me acomodó jamás dejando de mirarme a los ojos, y de un solo golpe me penetró, fue doloroso, pero terriblemente excitante, lo tomé del pelo, no, en realidad le tiraba el pelo mientras nos besábamos como salvajes y el arrastraba arriba y abajo por la pared, penetrándome de una manera que me estaba volviendo loca de deseo

Se que hacía bastante esfuerzo al tenerme suspendida de esa forma, pero yo en sus brazos me sentía liviana como pluma, era exquisita su manera de moverse, de tocarme, de besarme, si todo lo hacía de esta manera, terminaría siendo cierto que iba a querer pasar mas de una noche con él, pero obviamente el no tenía porque saberlo.  

-         Llévame a la cama – le dije jadeando – quiero estar en mi cama.
-         Dime dónde está, la cama es mas cómoda para probar otras cosas
-         Por el pasillo, mmm me muero de ganas por saber que más tienes
-         Cariño, no tienes idea
-         Amanda
-         Amanda qué?
-         Así me llamo Amanda, no cariño, ni mi amor, ni nada mas, solo Amanda  

Solo me miró y volvió a besarme de esa manera tan primitiva que me comenzaba a gustar, me tomo con ambas manos el trasero y caminó conmigo en brazos por el pasillo que llevaba a mi cuarto, y en cada pared se detenía para besarme con mas fuerza, si es que eso es posible, ya casi ni sentía mis labios.
Entramos a mi habitación y cuando pensaba que me iba a dejar en la cama,  solo apoyo la mitad de mi espalda en la cama y yo me apoye en los codos, y así con mis caderas en el aire comenzó su tarea otra vez

-         Cariño después de este día querrás verme siempre – me decía rozando con la puta de su pene mi punto más sensible, mientras sostenía la mitad de mi cuerpo aún en el aire – mmm me encantar sentir lo húmeda que estás
-         Si tanto te gusta, entonces no hables más y ocúpate – le hable, con la voz ronca de placer, no me gusta esperar, además no estaba en una posición muy cómoda – y te aseguro que si sigues así antes de que termi… Aaahhh !!!

Otra vez, de un solo golpe se hundió en mi, sin cuidado, ni delicadeza, solo brusco y posesivo, me enloquecían esas cosas, mientras Paulo me penetraba con fuerza, todo mi cuerpo se movía, mis pechos subían y bajaban, esa urgencia, esa violencia, me hacía hervir la sangre,  de pronto se apartó y me giró dejándome apoyada en mis manos y mis rodillas, me tomo de las caderas y nuevamente entró en mi,  soltó un gemido tan varonil que podría haber terminado ahí mismo, su respiración era fuerte y agitada,  hundía sus dedos en mi piel, me dolía pero era mucho mas lo que me hacía sentir que no me importaba, era exquisita su manara de poseerme, yo enterraba mi cabeza en la almohada para ahogar lo gritos de placer que me arrancaba mientras Paulo me decía cosas que yo no podía entender.

Cada vez que me tensaba Paulo bajaba el ritmo de sus penetraciones.

-         No por favor, no pares – le decía, mientras bajaba sus movimientos – no te detengas ahora
-         Nena no lo haré, – me dijo con los dientes apretados –  no tengo intención de hacerlo.
-         Entonces hazlo mas rápido

Se movía tan despacio y en círculos que estaba volviéndome loca, de a poco fue aumentando su velocidad, y su delicadeza fue reemplazada por movimientos rápidos, sentí como nuevamente mi cuerpo se tensaba, y podía sentir la llegada de un orgasmo increíble, al mismo tiempo Paulo casi traspasaba la piel de mis caderas con sus dedos, sentí como su pene se hinchaba dentro de mi y soltaba ese liquido caliente, junto a un gruñido que salio desde el fondo de su garganta,  me anunciaban que había llegado alcanzado junto a mi, nuestro objetivo, un exquisito orgasmo.

 Sé que Paulo será el objeto de mi deseo…

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