lunes, 28 de abril de 2014

Capitulo II El Objeto de mi deseo

Capitulo II       

El objeto de mi deseo….


Llegamos a mi departamento, venía un poco atontada, eso era culpa de Paulo, llevaba el perfume de hombre mas exquisito que existe sobre el planeta entero, A*Men de Thierry Mugler (comprobado que de 10 mujeres que lo huelen 9 literalmente se comerían al hombre que lo lleva donde y como sea) ese aroma me quitaba el sentido. Y antes de que pudiera reaccionar y cerrar la puerta, me tomó de la cintura firme, yo diría que hasta fue un poco brusco, en realidad no me molesta, mas bien esas cosas me suben la temperatura, me giró y me plantó un beso que encendió hasta la última célula de mi cuerpo, estaba desesperado por tenerme, casi me estaba arrancando la ropa.


-         Espera, deja que me la saque yo misma.
-         Da lo mismo, te la pago, me molesta tu ropa, me molesta lo que hay entre tu cuerpo y yo,
-         No quiero que me pagues nada, solo deja sacármela.
-         No!  (con su boca pegada a la mía, me dijo con los dientes apretados y casi dañándome los labios),  ya te dije que no, no voy a soltarte.
Con un empujón me aparte de su lado y le advertí…

-         Bonito, no te equivoques conmigo, está es MI casa, ésta es MI ropa, y es MI cuerpo, YO decido, te queda claro? – le dije levantando un poco la voz- y nadie me ordena que hacer ok??
-         Ok, ok como tú digas, pero apúrate, solo tengo una cosa en mi  cabeza en este momento y no es precisamente tu ropa.
-         Y tú?, le dije señalando con la cabeza su cuerpo.
-         Yo qué?
-         A mi también me molesta tu ropa, sácatela ahora, quiero ver que hay detrás de eso para mi.
-         Bonita, como tú digas!!


Mientras que se sacaba lo que  traía puesto, tenía la mirada fija en el cuerpo del hombre que estaba frente a mí, era guapo,  no era delgado ni gordo, tenía el pecho cubierto de un vello claro y combinado con unas canas que lo hacían ver tremendamente sexy, con cuarenta recién cumplidos era un hombre atractivo, aún todo estaba en su lugar y créanme cuando les digo que todo estaba muy, pero muy bien puesto, tenía un cuerpo deseable, se notaba que se ocupaba de su cuerpo, no era como los adonis de libros, esos que te anulaban la voluntad como persona y te quitaban el sentido, esos hombres no existen, era un hombre normal pero como he dicho antes, yo tampoco tengo cuerpo de modelo.

Se acercó a mí despacio, su respiración era agitada, me parecía algo extraña su impaciencia, pero como yo también quería tenerlo dentro de mí luego, no le hacía caso a esas cosas, estaba completamente desnudo y mientras me desabrochaba el sostén, me tiro de los bazos y me apegó a él, jadeé por el empujón y se acercó a mi boca, sin ninguna delicadeza metió su lengua hasta casi llegar a mis amígdalas, era un beso desesperado, sus dientes chocaban con los míos, me tomó de la cintura con una mano y la otra la puso en mi nuca, me apretaba tanto a su cuerpo, que me estaba ahogando, quise soltarme un poco pasa poder respirar, pero sin despegar sus labios de los míos, me dijo:

-         Qué pasa, no te gustan mis besos?
-         Necesito respirar (logrando apartarme unos centímetros), además si me sigues apretando de esa forma me harás un orificio en el estomago

Echó su cabeza hacía atrás y comenzó a reírse lo bastante fuerte como para que se escuchara en el ultimo departamento del pasillo, era un sonido varonil, de esas risas que te dejan recordándolas por varios días.  

-         Se puede saber qué te causa tanta gracia – le pregunté, mientras el aún me sostenía de la misma manera– es cierto, esa cosa que tienes ahí, estaba dañando mi estomago.
-         Bonita (me dijo, cambiando su semblante, de pronto se puso muy serio), créeme que con esta cosa que tengo aquí, como tu dices, tengo planeado hacer muchas cosas y no tienen nada que ver con tu estomago, pienso retenerte por varios días para que te quede claro que esta “cosa” te hará dependiente.


Me miró de una manera que no puedo definir, me provocó una sensación muy extraña, incluso me dio escalofríos, me quedé colgada del café de sus ojos y pude ver que algo de cierto había en lo que me decía, por unos segundos me perdí pensando cómo sería mi vida junto al mismo hombre todos los días, pero de inmediato la deseché, yo no era de compromisos no ahora ni nunca, jamás esperaría por alguien, jamás dependería de alguien, jamás, jamás sentiría amor por un hombre.  


-         A ver bonito, espera un poco, le dije soltándome completamente de sus brazos,  yo jamás, escúchame bien, jamás  estoy con alguien mas de una vez, además nadie que no sea yo y sola, amanece en esta cama, si entiendes eso, podemos continuar con lo que estábamos haciendo.  
-         Amanda de verdad te digo que comigo cambiarás de opinión, pero en realidad volvamos a lo que es importante, no quiero esperar más para demostrarte que lo que te digo es verdad.


Me miro nuevamente y me tomó de la misma forma, esta vez empezó con un dulce y delicado beso, y antes de que yo pudiera reaccionar para disfrutarlo, su beso se volvió nuevamente violento, me forzaba a separar los labios, me presionaba, era tanta su urgencia que sentía el sonido de nuestros dientes chocando, su lengua invadía a sus anchas el interior de mi boca, de pronto sentí un sabor salado, abrí los ojos y me sorprendí al ver a Paulo mirándome, alejándome un poco de su boca, me fijé que el tenía sangre en sus labios, me asusté  un poco, pero respondió, adivinando lo que yo estaba pensando…

-         Sí, es sangre, lo siento mi amor, parece que mi beso fue muy efusivo
-         Ya veo, pero es tuya o mía?... (un momento, ¿mi amor?, qué es eso?, este tipo esta loco)
-         Déjame ver, mmm no es nada, nada que no se solucione con otro beso… menos intenso.
-         Eh, eh para un poco- le dije- yo no soy tu amor, qué es eso? Lindo esto es sexo, nada más.
-         Ahh Mandy, Mandy deja de aclararme esas cosas, ya se que solo quieres sexo y naaaada mas, pero deja que las cosas sucedan solas, ya verás que todo será distinto si dejas de pensar de esa forma

Si no fuera porque tenía tantas ganas de probar como era en la cama este hombre, hace rato que lo hubiese puesto en el pasillo y lo hubiese enviado a buena parte, pero no se si por la calentura o la ansiedad o simplemente por demostrarle que las cosas no eran como él pensaba, yo no movía ni una sola pestaña para demostrarle lo contrario.

-         Bonito, como ya te he dicho, sexo y nada más, y si no dejas de hablar, es mejor que vayas tomando tus co….s – no pude hablar más – cosas.

Me sorprendí al ver lo que estaba haciendo, inmediatamente se me secó la boca.

Comenzó a tocarse, tomo su pene y lentamente empezó a subir y bajar su mano por todo su erecto miembro, mientras se pasaba la lengua por el labio inferior, me miraba intensamente, su pecho subía y baja con su respiración que de a poco comenzaba a agitarse, me mordía los labios, pensado como sería el sabor que tenía y no aguanté más, me arrodillé frente a el, al ver la gota que comenzaba a asomarse en la punta de su pene, lo guió hasta mi boca (todo su cuerpo olía a ese perfume que me volvía loca), y lo pasó por mis labios, para que primero lo probara su sabor, me lamí gustosa, y luego abrí la boca para recibirlo, empezó despacio, creo que tenía miedo de que yo pudiera tener arcadas – se pude decir que tengo bastante práctica, tengo mis técnicas –  lo invité a que siguiera con su exploración dentro de mi boca,  lo tomé de los muslos, y lo impulsaba a moverse más rápido, luego subí mis manos hasta su trasero, estaba muy firme, lo sentí tensarse, lo saqué de mi boca y comencé a lamer sus testículos (mmm adoro hacer esto), él disfrutaba lo que hacía, lo se porque cada ciertos momentos lo oía gruñir y emitir quejidos de placer, como veía que a Paulo le gustaba lo que estaba haciendo, meti una de sus bolas a mi boca y le di un tirón, emitió un gruñido desde el fondo de su garganta, eso fue suficiente, de pronto me agarró de los hombros y me levantó. Me miró fijamente agitado como si hubiese corrido unos cuantos kilómetros, me tomó de la cintura y me acercó hasta estar casi pegada a sus labios y me dijo

-         No tienes idea de las ganas que tengo de meterme entre tus piernas,

Me besó de una manera bruta y sin ningún cuidado, me soltó solo para respirar y luego fijó su vista en el suelo, era mi bolso que calló cuando entramos al departamento, mis cosas estaban repartidas por el suelo,  entre ellas los condones, se agachó y tomó uno se lo puso y volvió a tomarme, esta vez me agarró del trasero, mientras me levantaba para que me abrazara su cintura con mi piernas, se giró comigo en brazos y me pegó a la pared, me acomodó jamás dejando de mirarme a los ojos, y de un solo golpe me penetró, fue doloroso, pero terriblemente excitante, lo tomé del pelo, no, en realidad le tiraba el pelo mientras nos besábamos como salvajes y el arrastraba arriba y abajo por la pared, penetrándome de una manera que me estaba volviendo loca de deseo

Se que hacía bastante esfuerzo al tenerme suspendida de esa forma, pero yo en sus brazos me sentía liviana como pluma, era exquisita su manera de moverse, de tocarme, de besarme, si todo lo hacía de esta manera, terminaría siendo cierto que iba a querer pasar mas de una noche con él, pero obviamente el no tenía porque saberlo.  

-         Llévame a la cama – le dije jadeando – quiero estar en mi cama.
-         Dime dónde está, la cama es mas cómoda para probar otras cosas
-         Por el pasillo, mmm me muero de ganas por saber que más tienes
-         Cariño, no tienes idea
-         Amanda
-         Amanda qué?
-         Así me llamo Amanda, no cariño, ni mi amor, ni nada mas, solo Amanda  

Solo me miró y volvió a besarme de esa manera tan primitiva que me comenzaba a gustar, me tomo con ambas manos el trasero y caminó conmigo en brazos por el pasillo que llevaba a mi cuarto, y en cada pared se detenía para besarme con mas fuerza, si es que eso es posible, ya casi ni sentía mis labios.
Entramos a mi habitación y cuando pensaba que me iba a dejar en la cama,  solo apoyo la mitad de mi espalda en la cama y yo me apoye en los codos, y así con mis caderas en el aire comenzó su tarea otra vez

-         Cariño después de este día querrás verme siempre – me decía rozando con la puta de su pene mi punto más sensible, mientras sostenía la mitad de mi cuerpo aún en el aire – mmm me encantar sentir lo húmeda que estás
-         Si tanto te gusta, entonces no hables más y ocúpate – le hable, con la voz ronca de placer, no me gusta esperar, además no estaba en una posición muy cómoda – y te aseguro que si sigues así antes de que termi… Aaahhh !!!

Otra vez, de un solo golpe se hundió en mi, sin cuidado, ni delicadeza, solo brusco y posesivo, me enloquecían esas cosas, mientras Paulo me penetraba con fuerza, todo mi cuerpo se movía, mis pechos subían y bajaban, esa urgencia, esa violencia, me hacía hervir la sangre,  de pronto se apartó y me giró dejándome apoyada en mis manos y mis rodillas, me tomo de las caderas y nuevamente entró en mi,  soltó un gemido tan varonil que podría haber terminado ahí mismo, su respiración era fuerte y agitada,  hundía sus dedos en mi piel, me dolía pero era mucho mas lo que me hacía sentir que no me importaba, era exquisita su manara de poseerme, yo enterraba mi cabeza en la almohada para ahogar lo gritos de placer que me arrancaba mientras Paulo me decía cosas que yo no podía entender.

Cada vez que me tensaba Paulo bajaba el ritmo de sus penetraciones.

-         No por favor, no pares – le decía, mientras bajaba sus movimientos – no te detengas ahora
-         Nena no lo haré, – me dijo con los dientes apretados –  no tengo intención de hacerlo.
-         Entonces hazlo mas rápido

Se movía tan despacio y en círculos que estaba volviéndome loca, de a poco fue aumentando su velocidad, y su delicadeza fue reemplazada por movimientos rápidos, sentí como nuevamente mi cuerpo se tensaba, y podía sentir la llegada de un orgasmo increíble, al mismo tiempo Paulo casi traspasaba la piel de mis caderas con sus dedos, sentí como su pene se hinchaba dentro de mi y soltaba ese liquido caliente, junto a un gruñido que salio desde el fondo de su garganta,  me anunciaban que había llegado alcanzado junto a mi, nuestro objetivo, un exquisito orgasmo.

 Sé que Paulo será el objeto de mi deseo…

sábado, 26 de abril de 2014

Quien lo diría...






Quien lo diría….

















Barrio Italia, Santiago



Sentados en un café, Monserrat, Javier y yo, conversábamos de las cosas normales de las que hablan los amigos solteros de 38 años, de la vida, del trabajo, negocios, de moda, belleza, sexo y de lo que compartíamos los tres con mucha pasión… los hombres.








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Monserrat, la mujer ideal…




Mi mejor amiga en la vida, Monserrat del Valle, en realidad Monserrat es Roberto Alarcón, pero él era mil veces mas mujer que yo, era la femineidad hecha persona, delicada, inteligente, divertida, ingeniosa, con una gran capacidad para enfrentarse a la vida y las situaciones difíciles, dueña del humor más ácido en la faz de la tierra, capaz de hacer que te partieras de la risa en un momento y en otro hacerte llorar como la pera más perra de las mujeres, tenía una inagotable disposición para enamorarse, pero aún no llegaba ese hombre especial a su vida, debo aclarar que mi amiga no era de esas que saltaba de cama en cama por toda la cuidad,  de echo ella había tenido solo tres relaciones en su vida con hombres que jamás estuvieron a su altura, pero esos ya eran pelos de la cola, a ella le esperaban cosas mejores.


Monserrat, es como la fusión de un personaje de una serie y una película, imagínense si juntamos a Carrie Bradshaw, con todo lo que representa a la película “El diablo se viste a la moda”, todo ese conjunto resulta ser mi amiga, ella es la mejor asesora de imagen del mundo, es capaz de convertir a una mujer que tiene cero sentido para la combinación de las prendas en una modelo casi de alta costura. Toma como algo personal la tarea de hacer que una mujer se sienta y se vea bien, por dentro y por fuera.


Monserrat es como esas animadoras de eventos de transformistas, pero multiplicada por montones, ella  siempre es la alegría donde quiera que se encuentre.



Esa es mi amiga, la chispa y la frescura en mi vida…


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Javier, dicha para algunos y tristeza para otras…


Javier Cortés, mi mejor amigo en la vida, al igual que Monserrat, nos conocemos desde los 15 ó 16 años, mucho tiempo.



Javier es… como definirlo, un hombre guapísimo, absolutamente gusto de mujeres y de hombres, alto, regio, masculino, bello, deleite para la vista de muchos, pero lo mas importante es, que es la persona mas hermosa que he conocido en mi vida, un hombre en todo el sentido de la palabra, preocupado siempre, siempre que las personas que estamos en su entorno estemos bien, constante en todo lo que hace, metódico, alegre y siempre positivo, es el sostén de muchos y el tronco fuerte donde apoyarse para todos, amante de su familia y amigos.



Él es el economista del grupo, es que el nos asesora en nuestras decisiones financieras, jamás en mi vida he conocido un hombre tan organizado como él, jamás se te ocurra invitarlo a un café u otra cosa sin avisarle unos días antes, se muere si le desarmas su agenda y lo más probable es que la respuesta sea un “no, amiga no puedo, tengo una reunión”… trabajaba en una institución financiera y pasaba de reunión en reunión. Agotador.


Como dije en un principio, los tres compartíamos una pasión… los hombres,  cuando una mujer lo conocía no era ningún misterio que se lo quisiera llevar a la cama, pero mi amigo sutilmente le hacía saber que las únicas mujeres que habían pasado por su cama eran su mamá y sus dos mejores amigas, que eran parte de su familia.

Era el que tenía más suerte que nosotras dos, movía una ceja y ya tenía a unos cuantos rondando, volviendo al ejemplo de Sex and the City, Javier era nuestra Samantha Jones.


Javier era el hombre fuerte con el que contaba incondicionalmente.


Javier, un ángel en mi vida…



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Y yo… Amanda, decir te quiero con locura, es solo una frase y nada más…






Tengo 38 años, soy Relacionadora Publica, soy soltera, vivo sola, tengo un café - boutique y un bar en sociedad con mis mejores amigos.


Con Javier y Monserrat éramos amigos desde hace tantos años que ya ni siquiera me acuerdo cuantos han pasado desde que nos encontramos, en realidad no me importa, me importa mas el tiempo que llevamos juntos, donde hemos crecido, nos conocemos en cada gesto, palabra y emoción que sabemos plenamente que nos esta pasando, al correr de los años ha crecido también  nuestra capacidad de tolerancia, nos amamos con todo lo que somos y lo que tenemos, son mi familia, la familia que elegí tener desde hace mucho.  

Solo una vez sufrí por amor, gracias a ello jamás me permití volver a sentirme así de destrozada, recuerdo que mi dolor era tan grande que hasta me dolía respirar (lo que yo sentía en ese momento), no entendía como alguien que juraba amarme en un momento de pronto me causara tanto dolor, solo por el placer de hacerlo, los engaños puede que fueran lo menos doloroso dentro de todo, pero lo peor fueron las formas y como se encargo de dejarme anulada por un tiempo bastante largo. Solo Monserrat y Javier sabían lo que pasó y les hice jurar que nunca más en la vida volveríamos a mencionar ese periodo.

Me prometí salir y así lo hice, el día que decidí dejar de sentirme mal, me propuse disfrutar cada segundo para recuperar lo que perdí. Y así ha sido por los últimos 17 años.

En mi entorno para nadie es un misterio que adoro tener sexo. No tengo problemas con la edad, bueno hasta cierto punto, los cuerpos flácidos no  me gustan, sé que es una afirmación bastante superficial, pero es cierto, y en honor a la verdad yo tampoco soy esbelta ni delicada o de piel blanca sin imperfecciones, de cabello perfecto o de ojos que cautivan al mirarlos la primera vez, soy más bien normal, como cualquier ser humano, trato de mantenerme en forma dentro de lo que mi genética me lo permite, como buena representante de mi país, soy más bien de  pechos generosos, de caderas un poco rellenitas, mi estatura esta dentro del promedio, claro que les saco el máximo provecho a los zapatos, los tacos obran maravillas en mi….

Desde que fui consciente que las relaciones sexuales son un poderoso catalizador de todo tipo de emociones, han sido mí vía de escape, para la rabia, la frustración, la pena, la decepción, la alegría, y si piensan que voy a hablarles de amor, no, ese sentimiento no tiene cabida en mi mundo….



Felizmente siempre he tenido gran facilidad para satisfacer mis necesidades sexuales, y cuando no hay un hombre a la mano, siempre tengo un fiel compañero a batería en mi mesa de noche. Por otro lado, pagar por tener relaciones nunca ha sido parte de mis planes, por qué pagar por algo que siempre se me ha a dado fácil? y la simple idea de tener a alguien permanente a mi lado me aburre, despertarme al lado de la misma persona cada mañana, sentir el pesado aliento en mi cara, puede ser que en los primeros meses, quizás hasta el primer año tendríamos buen sexo, pero después, todo se volvería rutina, pensar que mi vida sería así de fome, no gracias, esa no es vida para mi, así que el matrimonio o la pareja estable no tienen espacio en mi vida.

Hasta mis 38 años nunca había tenido temor y tampoco tenía grandes preocupaciones de a  quien me llevaba a la cama, porque obviamente conocía el entorno en donde me movía y a quienes acudir, me cuidaba, en mi bolso y en mi casa jamás, pero jamás faltaban los condones, me hacia periódicamente exámenes y mi ginecólogo mas que mi doctor, había pasado a ser mi mejor amigo.

Había tomado varios cursos de defensa personal, así que no era algo que me preocupara mucho cada vez que conocía a alguien.


Gran error, hay situaciones que ni con todos los cursos de defensa personal para enfrentarlas logras salir bien parada, pero eso no lo podía saber aún…






Lo que pasó, pasó y hoy no cambiaría nada de mi vida…



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Nuestra vida cotidiana…


Tenemos una sociedad, en donde somos dueños de un café – boutique y un bar. Javier ver todo lo que tiene que ver con la contabilidad, las finanzas y las inversiones. Del la boutique se hace cargo Monserrat, ella es mas que feliz allí, se mueve como pez en el agua, vamos de acuerdo a la moda, y las últimas tendencias. La boutique tiene un lado femenino y uno masculino y el motivo principal del café es nuestros clientes se reúnan ahí para conocerse y pasar un momento agradable, lo que pase después es asunto de ellos.



Del bar me ocupo yo la mayor parte del tiempo, compramos una casona abandonada que el municipio de la cuidad remataba, adoraba esa propiedad, desde hacía muchos años que la conocía, pasaba seguido por ese lugar cuando estudiaba y siempre fantasee con comprarla para convertirla en un hotel de parejas, pero había que invertir muchísimo dinero, dinero que por supuesto no tenía, mi trabajo en Relaciones Públicas aunque no era malo, no me permitía acceder a un crédito tan grande y en esos años Monserrat trabajaba en el área de salud, aunque le apasionaba su trabajo no quería terminar como una señora amargada de tanto ver el sufrimiento ajeno y obviamente al igual que yo, tampoco tenía oportunidad de  tener ese dinero en las manos, Javier también estaba en la misma  situación nuestra, trabajaba en un banco, pero tampoco estaba en posición de solicitar un préstamo tan grande. Los tres queríamos darle un giro a nuestras vidas.

Nos decidimos por un café, pero tenía que ser algo diferente, así que pensamos en ligarlo a la ropa, fuimos incorporando de a poco, nuevos servicios, delivery para los clientes que visitaban nuestra pagina web, asesoramiento de imagen, decoración de interiores y personal shopper, menos de tres años, ya habíamos pagado las deudas, estábamos en condiciones a expandir el negocio y éramos una de las tiendas prestigiosas de uno de los barrios exclusivos de Santiago.  


Cuando el banco nos dio el cedito para comprar la casona, no cabíamos de felicidad, me costó unos cuantos minutos para reaccionar y entender que por fin ese lugar de mis sueños, sería nuestro. Después de unos días discutiendo y viendo los pro y los contra que tenía convertir a la casona en un hotel de parejas, como a nosotros nos gustaba compartir y conversar con otras personas, pensamos que lo mejor era un bar.   


Se moverme muy bien en el mundo nocturno y me gusta, lo conocía bien porque muchos de mis conocidos tenían o tuvieron restaurantes y bares, por el asunto del café, conocía el sistema de los proveedores, así que de a poco fuimos armando este nuevo desafío.


Desde un principio mi idea fue que se dividiera por ambientes y como yo me había convertido en una adicta a la literatura erótica, cada sala tenía un nombre y estaba decorado de acuerdo a un libro, una se llamaba “Las 50 Sombras”, otro “Dime cómo, cuándo y dónde”, “Sorpréndeme”, “Y a ti que te importa”, “Poséeme”, “Toda la noche con el jefe”, y así había varias más, nuestro publico era principalmente mujeres que conocían este tipo de libros, y llegaban por la curiosidad de ver la relación de nuestro bar y sus historias favoritas, eso sumado a la publicidad y a los meseros que atendían nuestro bar, cada ciertos meses hacíamos un casting para contratar a  jóvenes apuestos y con muy buen físico, para atender las mesas, la mayoría eran estudiantes que buscaba dinero para pagar sus estudios. Nos iba bastante bien, teníamos el lugar llenos casi todos los días.


Eso era el  “Pideme lo que quieras”, nuestro gran negocio. 








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Mi vida de soltera…




Una noche fui a un bar con mis amigos, por supuesto pensando en la idea de llevarme a alguien sea noche a mi cama, como ya éramos conocidos pasamos enseguida a un  espacio reservado para los clientes habituales, una especie de “vip”.
(Cabe destacar que no era ni remotamente perecido a los Vip, de las historias eróticas que muchísimas mujeres hemos leído últimamente).
Pedimos nuestros tragos de costumbre, pero esta vez José, nuestro barman favorito del club nos sorprendió con un trago nuevo hecho especialmente para nosotros, se llamaba Amanda, como yo, José siempre me dice que yo le recuerdo mucho a alguien que pasó por su vida hace muchos años, que un día me lo contará, es un buen tipo, me dice que tenga cuidado, que no confíe tanto en quien llevo a mi casa, y como siempre le cierro un ojo y le digo “Josito, pobre del que se le ocurra…le mostraré lo que he aprendido en defensa personal” y como siempre José me mira con cara de “pobre chica, no sabe a lo que se arriesga”.

Así que entre Amanda y Amanda, fue pasando la noche, a ratos salíamos a bailar, y en una de esas vueltas lo vi, era un hombre atractivo, alto, de bonitos rasgos, de físico bastante aceptable, en resumen un “minazo”.

(Aquí me detengo para decir que este hombre no es del tipo Grey, Emerson, Zimerman, Ward o cualquiera de esos especimenes que por supuesto no están, ni estarán al alcance de nuestros humanos ojos).

De inmediato me puse en plan de conquista, como siempre digo, “si me gusta me lo llevo”, no hizo falta esperar mucho ni que yo utilizara mis técnicas, unos minutos después de vernos ya estábamos conversando…

-         Hola soy Paulo Luco y tu debes ser Amanda, cierto??
-         Hola Paulo, sí soy Amanda Tagle ¿cómo sabes mi nombre, no te había visto antes aquí?
-         Aahh  le pregunté al barman qué tomabas…así que me he tomado un par de Amandas esta noche,.
-         Mmmm ya veo y qué te parece?
-         Mmmm bonita presentación, exquisito aroma, tiene la dulzura justa,  pero hay que ver que reacción tengo cuando deje de tomarla.
-         Entonces sólo nos queda averiguar qué reacción tendrás?….
-         Es en lo único que pienso cada vez que veo como te mueves cuando bailas, Amanda se que tienes la misma idea en tu cabeza que yo, vámonos ahora.





Era extraño para mi, “obedecer” a un hombre, pero este hombre tenía algo diferente, así cliché y todo, es cierto tenía algo distinto  a los demás.

-         Deja que busque mis cosas, me despido y nos vamos a mi casa.
-         Prefiero que vayamos a otro lugar, si no te importa.
-         Yo jamás voy a otro lugar, si no es en mi casa… no hay otro lugar
-         Uuuff como tuuú digas!!!
Dijo levantando las manos en son de rendición….

Me despedí de mis amigos, Javier me felicitaba por que yo iba a tener sexo esta noche, mientras Monserrat me decía que como nosotros no éramos conscientes de lo peligroso que era llevarse a un desconocido a la casa, también me despedí de José, que me advirtió como siempre, pero esta vez lo noté un poco más preocupado, me dijo, “Mandy cuídate por favor, te quiero ver de nuevo aquí como todas las semanas, y mostraste un trago nuevo, él no me gusta”, le cerré un ojo y le dije al oído… “no te preocupes, ya sabes que me puedo defender de un hombre”.

No puedo mentir y decir que no me inquietó lo que José me dijo, él nunca es así, pero era sólo uno más, no era distinto a otras veces, conozco a alguien, hablamos un poco y después nos vamos a mi casa, tenemos sexo y luego “hasta luego, muchas gracias”, nada más, nada de quedarse a dormir, nada de llamarse por teléfono, nada de vernos otro día, por supuesto nada de relaciones sentimentales, el único que puede estar más de una vez en mi cama es Christian, mi amigo sexual (como de los que habla Samantha en Sex and the City), pero es solo sexo, no hay amor de por medio, solo cariño de amigos que tienen sexo de vez en cuando.

Paulo me provoca algo extraño….Guapo, muy guapo, se parecía a un actor argentino, bueno, en realidad es un chileno mas y hoy por hoy es uno de los galanes más cotizados por las mujeres chilenas (curiosamente se llamaba igual al actor), Paulo Brunetti, de solo recordarlo, me encantaría conocerlo en persona y comprobar si realmente es tan galán y tiene ese cuerpecito que vemos en la televisión. No solo por lo atractivo que era, él me provocaba algo raro, me pareció de pronto que fue muy directo al hablarme, mientras veníamos en el auto camino a mi casa, él parecía desesperado, si una no razonara que es un hombre de 40 años guapísimo,  al parecer muy seguro de lo que hace y lo que quiere, por lo menos con las mujeres y que sabe muy bien que hacer para que una mujer quiera probar que mas sabe hacer con sus manos y con esa exquisita boca, uno podría decir que esa desesperación se debe a que no ha tenido sexo hace bastante tiempo.



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